Sobre nosotras
Cómo empezó todo
Nos conocemos de toda la vida. Nos hemos visto criar a nuestros hijos, hacernos mayores la una a la otra, acompañarnos en cada cambio. Y fue precisamente esa confianza de tantos años la que un día, en mitad de una de nuestras caminatas semanales, nos llevó a decirnos en voz alta lo que las dos llevábamos tiempo callando por separado: estábamos hartas de que nos dolieran los pies cada vez que salíamos a caminar.
No era que camináramos mal. Cada vez que comprábamos un par nuevo, todo parecía pensado para aguantar una vuelta a la manzana, no una ruta de verdad. Volvíamos a casa con ampollas, o peor, con un calzado que acabábamos devolviendo porque a los pocos kilómetros ya nos estaba destrozando el pie. Empezamos a acortar nuestras rutas. A dudar antes de salir de casa. A preguntarnos en qué momento caminar había dejado de ser un placer, cuando en realidad seguía siendo lo que más nos gustaba hacer juntas.

Decidimos buscarlo nosotras
Esa tarde nos hicimos una pregunta que lo cambió todo. No teníamos experiencia en calzado, ni un gran presupuesto, ni fábrica propia detrás. Teníamos algo que ninguna marca grande tiene: sabíamos exactamente lo que se siente al no encontrar nada que aguante, y sabíamos exactamente lo que necesitábamos para volver a caminar sin pensar en nuestros pies.
Nos pusimos a probar marca tras marca, buscando suelas que no aprieten ni resbalen, materiales que aguanten agua y barro, pares que no haya que "sufrir" en la primera hora. Amparo se encarga de probar cada modelo en sus propias rutas antes de aprobarlo. Pepa revisa cada costura, porque dice que un calzado que no aguanta es peor que no venderlo. Ninguna de las dos sabía entonces que estábamos construyendo algo que iba mucho más allá de una tienda.

Lo que nos dijeron los primeros clientes
Los primeros clientes nos empezaron a escribir algo que no esperábamos: no nos hablaban de tallas ni de precios, nos hablaban de haber vuelto a caminar sin mirar el reloj para ver cuánto faltaba para llegar a casa. De haber terminado una ruta larga sin una sola ampolla por primera vez en años. De haber dejado de dudar antes de salir a caminar.
Entendíamos cada mensaje como si viniera de un amigo, porque en el fondo lo era: personas que se habían sentido exactamente igual que nosotras antes de empezar todo esto. Cada mensaje confirmaba lo que ya sospechábamos: el problema nunca había sido nuestro. Era del calzado que nunca había aguantado de verdad.
Cómo elegimos cada par
Ha cambiado el tamaño del negocio. Ha cambiado la forma de vender. Lo que no ha cambiado es la pregunta que nos hacemos con cada par nuevo, exactamente igual que el primer día: ¿lo llevaría yo en mi próxima ruta? ¿se lo pondría mi marido? Si la respuesta no es un sí rotundo, ese par no sale a la venta. No hay excepciones ni prisas por completar catálogo.
Preferimos tener menos modelos y que cada uno sea el que llevabas años buscando, a llenar la tienda de calzado que ni nosotras mismas nos pondríamos para caminar.

Por qué lo hacemos
No queremos ser una tienda más donde compras y te olvidas. Hay demasiado calzado pensado para durar una temporada, para quedarse en el armario sin dejar huella. Nosotras no queríamos hacer eso.
Queremos que cuando camines con algo nuestro, sientas que hay alguien al otro lado que te entiende de verdad, no una marca que te vende una talla. Si estás leyendo esto, probablemente te haya pasado algo parecido a lo que nos pasó a nosotras. Y si es así, ya eres un poco parte de esta historia.
Gracias por confiar en nosotras.